Decidido a no desistir de sus intenciones, Víctor golpea la puerta del cuarto de Marina con firmeza, intentando despertarla.
— ¡Marina, ya llegué, abre la puerta! — ordena, con voz autoritaria, pero lo único que oye es el silencio del otro lado.
La falta de respuesta lo irrita profundamente, y sus pensamientos comienzan a cuestionarlo.
«Por el amor de Dios, ¿Víctor, de verdad estás corriendo detrás de una mujer?»
Al darse cuenta de lo vulnerable que está, de pie, frente a la puerta cerrada de u