En la sala de la casa, Marina comienza a conversar con su padre en un tono algo nervioso, como si tuviera miedo de que él supiera lo que estaba haciendo en ese preciso momento.
— Papá, qué sorpresa — dice ella.
— Hola, querida, buenos días, ¿cómo estás?
Aún eufórica por lo que estaba ocurriendo unos segundos antes, Marina responde:
— B-bien, estoy bien — su voz sale temblorosa.
— ¿Pasó algo? — pregunta José, preocupado al percibir el tono de voz de su hija.
— N-no, no pasó nada — responde ella,