La alegría de la pareja era evidente para todos los que los conocían. Desde el momento en que supieron que esperaban gemelos, cada día se convertía en una nueva aventura llena de sueños y expectativas. Víctor, siempre con su humor afilado, adoraba hacer bromas sobre cómo tendría que aprender a cambiar pañales y perder noches de sueño. Marina, por otro lado, se sumergía en cada detalle del embarazo con entusiasmo, leyendo todo lo que podía sobre maternidad y planificando cada pequeño aspecto de