Después de toda la euforia inicial, los dos se acomodan en el pequeño sofá de la oficina, aún asimilando la magnitud de la noticia. Tomando la mano de su esposa con ternura, sus dedos se entrelazan en un gesto lleno de cariño y complicidad.
—¿Cuándo hiciste esta prueba? —pregunta él, con los ojos brillando de curiosidad y felicidad genuina.
Sonriendo, todavía con el corazón acelerado, ella responde:
—Hace un rato. Suzan fue quien me animó, ya que ni siquiera sospechaba nada… —confiesa, acaricia