Después de convencer a Marina de que podrían tener un bebé, Víctor se dedicaba con entusiasmo a concretar ese deseo. Cada vez que tenía una oportunidad de quedarse a solas con ella, no le daba tregua.
—Víctor, por favor, tienes una reunión en treinta minutos —dice ella, intentando contener la aprensión mientras lo ve cerrar la puerta de la oficina.
Él sonríe de lado, acercándose a ella con una mirada confiada.
—No te preocupes, mi amor. Ese tiempo es más que suficiente para nosotros —responde,