En la comisaría, el caos es evidente. La llegada de Joana Ferraz atrae a una multitud de periodistas y curiosos. Los reporteros rodean el coche policial que la trajo, mientras cámaras y micrófonos se extienden hacia ella. El ruido es ensordecedor, y las preguntas llegan de todos los lados:
—¿Señora Ferraz, realmente planeó quitarle la vida a su hijo?
—¿Qué tiene que decir sobre las acusaciones?
—¿Es cierto que confesó en el hospital que el objetivo era la novia?
Joana mantiene la cabeza ergui