Mientras el coche de Rodrigo avanza a toda velocidad detrás de la ambulancia, Joana permanece inmóvil, con los ojos llenos de lágrimas. Observa la escena desarrollarse como una pesadilla, incapaz de apartar la mirada. Ver a su hijo favorito herido, sin saber cuán grave es su estado, le consume el corazón de angustia. Aun así, lo que más le duele es darse cuenta de que Rodrigo se marchó sin siquiera llamarla para que fuera con ellos.
Esa exclusión no pasa desapercibida para ella. Es como un cuch