—¡Víctor! —la voz de Marina se quiebra en un grito desesperado, mezclado con el llanto que la ahoga al ver al novio tendido en el suelo, rodeado por un charco de sangre. Sus rodillas ceden y cae junto a él; con las manos temblorosas intenta tocar su rostro, pero la cruel realidad del momento la golpea con fuerza.
Al ver a su hermano caído, Rodrigo corre desesperado hacia él; su rostro se llena de pánico mientras grita:
—¡Llamen una ambulancia inmediatamente! ¿Víctor? ¿Víctor? —lo llama con la v