Es lunes por la mañana, y Marina despierta con la voz suave de su novio susurrando en su oído.
— Buenos días, rubiecita.
Antes incluso de abrir los ojos, una sonrisa aparece en sus labios. El calor de esa voz y los recuerdos del fin de semana en los brazos del hombre que ama hacen que su corazón lata con fuerza. Se gira lentamente en la cama, mientras su cabello cae sobre los hombros, y finalmente se encuentra con el rostro de Víctor.
— Buenos días, mi amor — responde con la voz aún ronca por e