Al escuchar las palabras de su esposa, una sonrisa discreta surge en los labios de Xavier. Se levanta rápidamente del suelo y la envuelve en un abrazo fuerte, dejando entrever una emoción aparentemente genuina.
— Gracias, mi amor. Te prometo que nunca más te decepcionaré — dice, besándole el rostro con la reverencia de quien contempla algo sagrado. — Sabía que no me abandonarías. Todo lo que estás haciendo por mí demuestra que eres la mujer perfecta. Haré que todo valga la pena, querida. ¡Todo!