En la habitación, Joana despierta con un peso opresivo en el cuerpo, como si las emociones de las últimas horas se hubieran materializado y descansaran sobre ella. Mira a su alrededor, esperando ver algún movimiento, pero solo encuentra el vacío. Ninguno de sus hijos está allí. Ni siquiera Valentina, que tantas veces se empeñaba en tenderle la mano. La soledad la invade, dejando un sabor amargo en la boca.
Con un largo suspiro, se levanta, ajustando la bata que estaba sobre la silla cercana. Sus