— Veo que tienes sangre en los ojos, ¿eh? — comenta Rodrigo con una sonrisa ladeada, observando lo determinado que parece su hermano.
— ¿Y no debería tenerla? — replica Víctor, indignado. — Mira la trampa que le tendió a Marina. La pobre tuvo que prácticamente detener su vida por culpa de esos dos desgraciados. Quiero que paguen, Rodrigo. Y no descansaré hasta que eso suceda.
Rodrigo asiente, pero mantiene una expresión más neutral.
— Conseguirás lo que deseas, estoy seguro. Pero, sinceramente,