Cuando sale de la oficina de su hijo, Xavier lleva los puños cerrados de rabia. El nerviosismo en su cuerpo es evidente, siente la sangre palpitar con fuerza en las sienes. A cada paso busca algo contra lo que descargar su frustración, un objeto que golpear, cualquier cosa que le dé alivio ante esa ira insoportable. A su lado, Joana lo acompaña con el rostro pálido y la expresión torcida por la indignación.
— ¿Viste cómo nos trató? — murmura Joana, con los ojos chispeando de resentimiento y fur