Después de tranquilizar a Marina, Víctor la acompaña hasta su sala, intentando asegurarse de que se sienta más serena. Al verla sentarse, le lanza una última mirada reconfortante antes de dirigirse al despacho de su hermano. Al entrar, encuentra a Rodrigo y a su madre, ambos con expresiones tensas. Se sorprende por la ausencia del padre, pero decide ignorarlo y toma asiento en una de las sillas vacías, sin rodeos.
— Qué bueno que llegaste, Víctor. Mamá estaba casi teniendo un colapso de tanta a