Joana observa a Marina de arriba abajo, con una sonrisa disimulada en los labios, como si estuviera a punto de darle una lección.
— Conozco muy bien a mujeres como tú, querida —dice Joana, con una voz impregnada de una dulzura artificial—. Jóvenes, bonitas, ambiciosas… Entran en grandes empresas no solo para trabajar, sino para acercarse a hombres como mis hijos. Rodrigo y Víctor son excelentes oportunidades, ¿no te parece?
Marina siente el peso de las palabras, pero no se deja afectar. Se mant