Ava regresó del paseo con los pies adoloridos, pero la mente un poco más clara.
El aire salado, el sol tenue del atardecer y la brisa marina le habían devuelto una pizca de tranquilidad. Sin embargo, en cuanto cruzó el jardín hacia el lobby del hotel, el mal presentimiento volvió a su pecho.
Lo sabía. Sophie seguramente tendría algo que decirle. Algo sutil, venenoso… o directamente brutal.
“Como si necesitara que alguien me recordara cuál es mi lugar,” pensó con los labios apretados. “Ella se