El restaurante era pequeño, acogedor y con luz tenue.
Maya ya la esperaba sentada en una mesa junto a la ventana, con dos copas de vino y una mirada inquisitiva que no tardó en lanzar como dardo apenas Ava se sentó frente a ella.
—Te ves fatal —soltó sin preámbulos—. ¿Qué pasó ahora? ¿Te volvió a perseguir el galán corporativo?
Ava suspiró, removiendo nerviosa el borde de la servilleta de tela.
—No es tan simple —murmuró—. Desde que Sophie apareció, me esfuerzo por mantener distancia con Ethan