Gabriel, después de la visita de su padre, está muy retraído y sumergido en su pasado y en las decisiones que debe tomar. Ya no puede estar retrasando sus responsabilidades y mucho menos cargándolas sobre su enfermo padre.
En silencio se encuentra pensativo, sentado en medio de una cafetería, esperando a su asistente. Cada uno de sus pensamientos está desde el momento que salió de su casa; lo hizo con una idea muy clara. Destruir lo último que lo ata al amor de su vida, sin embargo, al llegar a