Silas.
—¿Cómo te fue? —Iba con Silvana en el auto a casa del señor Mirchi.
—N-no quiero hablar de eso… —Se encogió en el asiento de copiloto.
—Nunca nos hemos llevado bien, hermanita… pero ahora solo nos tenemos a nosotros dos, como familia, digo —aseveré.
Papá no estaba, y mamá ni se diga. Por mucho que haya peleado con Silvana en el pasado, ella comprendió que el poder no lo era todo.
—Él es un caballero. Ni siquiera quiso dormir en la misma habitación que yo, ¿crees que no le atraigo lo