Naomi.
—Axel es un amor, de verdad —expresó Malena, estábamos caminando alrededor del jardín de rosas.
Yo me agaché con cuidado, mi panza estaba demasiado grande y me costaba. Tomé una flor con mi mano y la olí.
Era reconfortante, porque el olor de mi madre se desprendía de cada una. No sabía si era una especie de magia o ella diciéndome que estaba conmigo, pero amaba ese espacio que Silas creó para mí.
—N-no es para tanto, gatita —Axel se rascó la nuca.
Él iba con nosotras.
Nunca se desp