Thiago se dio cuenta de que algo andaba mal en cuanto entró al penthouse y encontró a Maya sentada en la sala, con la mirada perdida. Ni siquiera volvió la vista hacia él, como si no se hubiera dado cuenta de que había llegado.
Se acercó con pasos suaves para no asustarla y dejó el maletín sobre uno de los sillones. Luego se puso en cuclillas frente a ella y apoyó las manos sobre sus piernas.
—Hola, hermosa —saludó en un susurro.
Ella parpadeó y pareció darse cuenta recién entonces de que ya no