Byron soltó una carcajada.
—Al fin me estás escuchando. No eres tan valiente cuando no tienes a ese hombre cerca, ¿verdad?
Zak empezó a patalear mientras rompía a llorar.
—Quédate quieto —ordenó Byron, sacudiéndolo.
—Lo estás asustando.
—Bueno, necesita aprender a comportarse, porque al parecer no lo has criado con firmeza —dijo Byron, el desprecio teñía su voz—. Es un pequeño berrinchudo. Aunque no me sorprende. Siempre fuiste demasiado débil.
Durante un breve instante, Maya tuvo una visión de