Thiago miró hacia la puerta en cuanto esta se abrió. Byron entró custodiado por un oficial y llevaba las manos esposadas. Al verlo, la expresión del hombre pasó de la sorpresa al miedo.
Thiago sintió una leve satisfacción al verlo asustado, pero no era suficiente para calmar su necesidad de venganza.
—Gracias, puedes dejarnos a solas —dijo, dirigiéndose al oficial, en cuanto aseguró las esposas de Byron a la mesa.
—No puedes dejarme a solas con él —habló Byron, casi alzando la voz, pero el ofic