Maya se cubrió el pecho después de terminar de amamantar y mantuvo a su hija acunada entre los brazos. Margaret Wright había nacido una semana atrás. El parto había sido más fácil que cuando tuvo a Zak, tal vez porque había tenido a Thiago sosteniendo su mano en todo momento y recordándole respirar.
—¿Está dormida? —preguntó su hijo.
Thiago lo había llevado a lavarse las manos para que almorzaran.
—Así es, cariño.
—Dámela, hermosa —pidió Thiago—. La llevaré a su cuna.
El único momento en que Ma