Zak empezó a correr hacia la casa en cuanto lo puso en el suelo, ansioso por llegar con sus abuelos.
—Ten cuidado, hijo —dijo—. Puedes vigilarlo —le pidió a la guardaespaldas de su esposa, que ya lo estaba tomando de la mano.
Byron había sido condenado hacía algunas semanas y el peligro para Maya y Zak había desaparecido, pero prefería no correr ningún riesgo. Si algo le pasaba a su familia, estaba seguro de que perdería la cabeza.
—Descuide, señor —respondió Jade, llevándose al pequeño, que no