No dormí, o al menos no de una forma que pudiera llamarse descanso, porque cada vez que cerraba los ojos volvía a escuchar esas voces, esas palabras dichas con una calma insoportable que convertía todo en algo aún más real, más frío, más imposible de ignorar. El matrimonio, Valeria, Adrián. Todo giraba en mi cabeza sin orden, repitiéndose una y otra vez hasta que abrí los ojos antes de que saliera el sol, con el pecho pesado y la sensación de que levantarme significaba aceptar que nada de eso