Al principio no le di importancia.
Un mensaje sin responder no significaba nada, dos podían ser coincidencia y tres… tres empezaban a ser incómodos, pero no suficientes para asumir lo peor. Miré la pantalla más veces de las que quería admitir, releyendo lo último que le había escrito, como si en esas palabras hubiera algo que se me escapaba, alguna pista que explicara su silencio.
No había nada.
Solo vacío.
Las horas pasaron y ese vacío dejó de ser casualidad para convertirse en algo que n