La puerta del baño se abrió y no tuve tiempo de pensar, solo reaccioné, limpiándome las lágrimas con rapidez, casi con desesperación, como si pudiera borrar en segundos todo lo que acababa de escuchar, todo lo que acababa de romperse dentro de mí. Cuando levanté la mirada, Valeria estaba ahí, observándome con esa atención fría que siempre tenía, analizando más de lo que decía en voz alta.
—¿Qué haces aquí?
Su tono no fue agresivo, pero tampoco cálido, y eso bastó para que mi cuerpo se tensara a