No había arrogancia ni desprecio en su tono, sino algo más profundo y humano, un miedo evidente que fue lo que realmente me descolocó.
Me quedé mirándola unos segundos más de lo necesario, intentando reconciliar esa imagen con la mujer que había visto en la mansión, siempre impecable, siempre distante, siempre intocable.
Esto no encajaba.
Nada de esto encajaba.
—No voy a tomar ese dinero —dije finalmente, con más firmeza de la que esperaba.
Sus dedos se tensaron ligeramente sobre el borde del b