El día terminó mejor de lo que esperaba, lo suficiente como para salir del edificio con la sensación de que, al menos por ahora, no había cometido ningún error grave. Iba caminando hacia la acera cuando mi teléfono vibró y vi el nombre de mi padre en la pantalla, lo cual ya era extraño a esa hora.
—¿Hola?
—Clara, ven a la casa —dijo sin saludar—. Ahora.
Me detuve en seco.
—¿Qué pasó?
—Solo ven.
Su tono no era de enojo, pero tampoco era normal, y eso fue suficiente para que el rest