El resto de la mañana pasó más rápido de lo que esperaba, aunque no porque fuera fácil, sino porque Valeria del Castillo no era el tipo de persona que te dejaba tiempo para pensar demasiado.
Apenas me senté en mi escritorio, ya tenía una lista de tareas esperándome, correos que responder, llamadas que filtrar y una agenda que parecía más un rompecabezas que un horario humano. Intenté seguirle el ritmo sin cometer errores, concentrándome en cada detalle, en cada instrucción, repitiéndome menta