—Entonces será niña —dije, apoyando la barbilla en la mano mientras lo miraba con una sonrisa traviesa.
Adrián entrecerró los ojos apenas, como si analizara esa afirmación como si fuera un contrato importante.
—Mi abuela odiaría eso.
—Perfecto —respondí sin dudar—. Ahora lo quiero aún más.
Eso lo hizo soltar una risa baja, de esas que aparecen sin permiso.
—Eres problemática.
—¿Y tú no? —incliné la cabeza—. No sabía que mi jefe robótico tenía un lado rebelde.
La forma en que me mi