Desperté despacio, con una sensación cálida que tardé unos segundos en reconocer, hasta que entendí que no venía de las sábanas, sino de él. Estaba abrazada a Adrián, o más bien, él me tenía rodeada con el brazo sobre mi cintura, sosteniéndome con una naturalidad que me hizo quedarme quieta un instante más, disfrutando del ritmo tranquilo de su respiración contra mí.
Cuando levanté ligeramente el rostro, lo encontré mirándome, aún adormilado, pero con una suavidad que no le había visto ante