Adrián se acercó lentamente a la cama, quitándose la última pieza de su ropa con movimientos tranquilos, casi deliberados, como si no tuviera prisa por llegar a ningún lado. Yo seguía sentada sobre las sábanas, con el corazón golpeando con fuerza en mi pecho, consciente de cada segundo, de cada respiración.
Cuando se inclinó sobre mí, su mirada buscó la mía con calma. No había prisa en sus ojos, solo una intensidad silenciosa que hacía que fuera imposible apartar la mirada.
—Clara —murmuró s