El beso no se detuvo.
Después de los fuegos artificiales seguimos besándonos como si el mundo alrededor hubiera desaparecido. La música de la fiesta seguía sonando detrás de nosotros, las conversaciones continuaban en la cubierta, pero todo eso parecía muy lejos.
En algún momento Adrián tomó mi mano y me guió hacia el interior del yate. No hablamos. No hacía falta.
Cuando el coche nos dejó frente al hotel, el silencio entre nosotros estaba cargado de algo más fuerte que las palabras. Camina