(Eduardo)
No llamé de inmediato. Me quedé unos segundos mirando el número escrito en el papel, como si fuera a cambiar por arte de magia o como si, con suficiente concentración, pudiera encontrar otra forma de resolver esto sin tener que hablar con ella. No pasó. El número seguía siendo el mismo, el problema seguía siendo el mismo y, lo más molesto de todo, la única solución también.
Suspiré, tomé el teléfono y marqué antes de que pudiera arrepentirme, porque si lo pensaba demasiado iba a en