(Eduardo)
No debería haber ido.
Lo supe desde el momento en que estacioné frente a su casa y apagué el motor, quedándome unos segundos de más con las manos sobre el volante, como si ese pequeño retraso fuera a cambiar algo. No lo hizo. Nada de esto iba a cambiar por esperar, así que salí del auto, caminé hasta la puerta y toqué con la misma decisión con la que había tomado esta cita.
Cuando abrió, Sandra estaba exactamente como no debería estar alguien en una conversación como esta: tranquila,