Cuando se fue, el silencio volvió a llenar la oficina, pero esta vez no fue suficiente para calmar nada, porque había algo que no encajaba dentro de ese orden perfectamente construido, algo que no respondía a la lógica ni al control al que estaba acostumbrado, y ese algo tenía nombre: Sandra.
Me dejé caer en la silla, apoyando los codos sobre el escritorio sin realmente verlo, repasando la cena una y otra vez, cada palabra, cada gesto, cada reacción que no coincidía con lo que esperaba ni con