(Sandra)
Me senté frente a él sin ningún entusiasmo, dejando el bolso a un lado con la misma elegancia con la que uno acepta que su vida ha tomado decisiones cuestionables.
Eduardo no se levantó ni hizo el mínimo intento de cortesía, lo cual, honestamente, fue coherente con la expresión que llevaba puesta: fría, calculadora y con ese leve aire de fastidio que parecía permanente en su cara.
Lo observé con calma, analizándolo con más detalle del que probablemente merecía. Tenía todo lo que, en te