(Eduardo)
Llegué a la mansión con el mismo ánimo con el que uno vuelve de un mal negocio que no pudo evitar. La cena había sido un desastre, y no precisamente por la comida. Sandra tenía una forma particular de irritarme, una mezcla de seguridad exagerada, sarcasmo constante y esa costumbre suya de comportarse como si cada lugar al que entraba le perteneciera. No era la primera vez que me encontraba con ella y, de hecho, esa era la parte más molesta.
La primera vez casi me atropella; bajó de su