No fue una decisión impulsiva, sino una rendición calculada, una elección tomada con la cabeza fría aunque el corazón no estuviera completamente de acuerdo. Y aun así, cuando el auto se detuvo frente a la mansión Castellanos por segunda vez, todo se sintió distinto, más definitivo, más pesado.
La primera vez había cruzado esas puertas con resistencia, con rabia, con la clara intención de salir lo antes posible y no volver a mirar atrás.
Esta vez no.
Esta vez venía para quedarme.
No di