El día siguiente no empezó mal.
Y eso fue exactamente lo que lo hizo sospechoso.
Desperté con una sensación extraña, como si algo estuviera fuera de lugar pero todavía no pudiera identificar qué, como si el silencio del apartamento fuera demasiado perfecto para ser real. Durante unos segundos me quedé en la cama mirando el techo, tratando de convencerme de que solo estaba exagerando, que no todo tenía que ser un problema, que quizá, solo quizá, podíamos tener un día normal.
Duró exactamente