Cuando volví al apartamento, lo primero que sentí fue el silencio. No un silencio incómodo, sino uno denso, como si el lugar ya supiera que algo había cambiado afuera y estuviera esperando a que yo lo confirmara. Cerré la puerta con cuidado, dejando las llaves sobre la mesa mientras trataba de ordenar en mi cabeza todo lo que había pasado en el café, pero las palabras de Sandra seguían repitiéndose con una claridad irritante.
No confío en los Castellanos.
Solté un suspiro bajo y me apoyé un