Entrar al café fue como volver a una versión anterior de mi vida, una en la que mis mayores problemas eran llegar tarde, olvidar responder mensajes o discutir con Sandra por cosas completamente absurdas.
Por un segundo consideré seriamente dar media vuelta y desaparecer antes de que ellas me vieran, porque sabía perfectamente que lo que estaba a punto de decir no era algo que pudiera maquillarse ni suavizarse, y mucho menos convertirse en una conversación fácil.
—Llegas tarde —dijo Sandra en