Luciana miraba el reloj cada dos minutos, inquieta.
La cena con Joaquín debía haber terminado hace horas. Dylan le había prometido que después iría a su departamento, pero ya pasaban de la una de la madrugada y no había señales de él.
El celular de Dylan... apagado.
El de Joaquín... también.
Sintiendo cómo el miedo le apretaba el pecho, Luciana se obligó a preparar café para mantenerse despierta.
No podía relajarse. No hasta verlo entrar por esa puerta.
El timbre del portero vibró en el s