La entrada a la empresa nunca había sido tan silenciosa.
Dylan atravesó el lobby caminando junto a Luciana, vestido con unos vaqueros oscuros, una camiseta gris ajustada y una chaqueta de cuero que claramente no pertenecía a su habitual uniforme de trajes impecables. Su cabello aún conservaba un desorden rebelde que ninguna mano apresurada había podido domar, y su andar relajado era casi desconcertante para quienes lo conocían.
Los empleados, acostumbrados a verlo como una figura intocable, l