Desde aquella cena con el abuelo Federico, todo parecía haberse alineado a favor de Dylan y Luciana.
Sin embargo, en las sombras de la familia Richard, las apariencias rara vez eran lo que parecían.
Max, observando con creciente resentimiento cómo su abuelo aceptaba a Luciana, sintió que algo dentro de él hervía.
¿Cómo podía esa simple asistente ganar terreno en el imperio que siempre había sido suyo por derecho?
No iba a quedarse de brazos cruzados.
Fue entonces cuando decidió actuar.
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