Dentro de la oficina de Dylan
El sonido del seguro deslizándose en la puerta fue lo único que rompió el silencio incómodo cuando Dylan cerró tras de sí.
Camila, de pie junto a su escritorio, recorría el lugar con una mirada lenta y apreciativa, como si estuviera recordando viejos tiempos.
—Vaya, tu oficina sigue oliendo igual —dijo en tono sugerente, acercándose con pasos deliberadamente sensuales.
Dylan se mantuvo inmóvil, la mandíbula apretada.
—Camila —dijo con tono bajo pero firme—. Es