Kelly despertó sobresaltada. Los rayos de sol ya se filtraban por las cortinas y el insistente sonido del teléfono no cesaba. Con el corazón latiendo con fuerza, tomó el dispositivo de la mesita de noche. Era Avy.
-¡Kelly! -exclamó la voz del otro lado, entremezclada con una mezcla de emoción y nervios-. ¡Dime que estás en camino!
Kelly se sentó rápidamente en la cama, desorientada.
-¡¿Qué hora es?! -preguntó, llevándose una mano al rostro-. Avy, lo siento... me quedé dormida.
-¡Claro que te qu