Kelly llevaba semanas dándole vueltas en la cabeza a una idea que le rondaba desde que su relación con Eliezer había tomado un rumbo serio. Había algo que no podía ignorar: los constantes viajes foráneos de su trabajo en la aerolínea no solo la alejaban físicamente de él, sino que le quitaban la oportunidad de disfrutar esa etapa de enamoramiento que tanto había soñado. Decidida, se armó de valor y pidió una reunión con su jefe.
-Señor Ramírez, ¿tiene un momento? -preguntó Kelly desde la puerta